jueves, 25 de junio de 2009

InTrO pArA nUeVoS LeCtOrEs

Este blog surge a raíz de una carta que escribí en mayo de este año. La pueden leer en www.cartasdesdenuestrasceldas.blogspot.com está firmada por mí. Mi nombre es Lía Victoria Duret y, al escribir el blog junto con mi hermano, hablo en nombre de mi grupo familiar más cercano. Les cuento cómo nacen la carta y su adjunto “Quién es capaz” A principios de diciembre de 2005, papá llegó a casa después de un día de oficina y nos dijo: “prepárense que parece que me llevan en cana”. Había llegado la citación de un juez de la ciudad de Azul, Prov. de Buenos Aires, para que papá se presentara allí y sabíamos que, en casos similares, quienes se habían presentado en otros juzgados no volvían a la casa, sino que quedaban presos. Así fue como, a partir del 6 de diciembre de ese año, él perdió su libertad que hasta el día de hoy no ha podido recuperar. Nosotros, su familia, nos adaptamos al cambio, tratando de no dejar de lado nuestros compromisos y nuestra vida… ¡dura tarea! ¿Por qué queda preso el señor Alejandro Guillermo Duret, o cualquier otro ciudadano común? Uno va preso cuando alguien presenta una denuncia, se abre una investigación y el juez de instrucción recibe suficientes pruebas para creer que uno cometió un delito. Estas pruebas son documentos y testimonios de personas capaces de dar fe sobre lo que ha hecho uno, un ciudadano común o A. G. Duret, que es mi padre. ¿Y el delito? En este caso el delito imputado es “la detención ilegal, seguida de tortura y homicidio del que habría sido objeto el señor Carlos Alberto Labolita a partir del 25 de abril de 1976”. El problema al que nos enfrentamos es grave: ¡mi padre nunca siquiera se cruzó con ese chico! Lo están acusando de algo que no hizo. Podríamos haber dicho que “erróneamente”, pero de unas pocas audiencias con declaraciones de testigos, saltaron al menos cuatro espontáneas afirmaciones que nos llevaron a pensar en claras irregularidades durante la etapa instructiva. (las encuentran a lo largo de este blog). Una causó risa, otra nos dejó mudos, la tercera ya parecía una tomada de pelo y la cuarta confirmó la sospecha que venía creciendo a pasos agigantados. Así sonó para nosotros y no pasó inadvertido para los demás participantes y espectadores, que pedían repitieran una y otra vez lo que decían o que no callaban interjecciones de asombro. Los testigos demostraron haber sido inducidos a nombrarlo a “Duret”: la mitad de los que lo habían señalado a papá en el instructivo, ahora, en la etapa oral, no pueden decir su nombre, no lo nombran, y la otra mitad lo nombra por referencia de terceras personas: “me dijeron…” “¿y quién se lo dijo?” “no sé”. Por otro lado, existe un principio constitucional de que uno es inocente hasta que se demuestra lo contrario: ante la falta de pruebas, uno es inocente so pena de hacerle pagar a uno por el delito de otro. En este caso y similares, el imputado es presumido culpable, pero toda la documentación no existe porque periódicamente se manda a incinerar: informes que muestren a dónde fue a parar el chico, a quién le interesaba detenerlo y porqué, o qué hacía mi padre de sol a sol por entonces, cuando tenía 23 años. En cuanto a “tortura y homicidio” son supuestos. Curiosamente, escuchamos relatos contradictorios sobre un episodio que, en las primeras denuncias, por allá en los años setenta, ¡no se mencionó ni una vez! Es más, según ellos mismos, la última vez que lo vieron fue cuando lo detuvo la policía –sí, sólo la policía lo detuvo, ningún militar, y no cuando supuestamente lo llevan una noche a la casa y dice “hace cinco días me tienen en la parrilla”. Esto les da a suponer que alguien lo torturó y como no saben quién, también se lo quieren atribuir a mi papá. Para esto, pretenden que varios testigos den a pensar que mi papá lo torturaría en su oficina, que era de 2mx3m y que tenía la entrada compartida con otras oficinas y donde transitaban cientos de personas. Una vez más, me resulta claro que nos están engañando, pero todavía no entiendo exactamente porqué. Pareciera que no se conforman con castigar a alguien, cualquiera, por la desaparición, sino que necesitan introducir la figura de tortura. Ya verán además cómo chocan los diferentes relatos, según los fueron narrando bajo juramento los supuestos testigos presenciales. Por último, “el homicidio”. Dicen haber hecho lo imposible por encontrarlo o saber de él. Sin embargo, un testigo, de la policía provincial, declaró haber presenciado cuando dos personas lo retiraban –con vida– de las celdas en la ciudad de La Plata al poco tiempo de que fuera detenido el 25 de abril de 1976 – por la policía en la ciudad de Las Flores, Prov. de Bs. As. Esa prueba da una pauta cierta de que Carlos volvió a La Plata. En la primera semana del juicio, ¡la fiscalía y la querella quisieron que el tribunal la desestimara! Ahora bien, parece que “La Plata” estaba interesado en detener a Carlos, quien militaba en montoneros –esto en el juicio, lo confirma Gladis, su mujer. Era oriundo de Las Flores, que pertenece a la jurisdicción regida por Azul, que a su vez pertenece a Tandil. Por eso, “La Plata” le pide a Tandil que lo detenga y, cuando apareció por la zona, en busca de refugio de la ardiente La Plata, la policía da aviso y lo detiene. Luego, la policía lo lleva a un sector militar de Azul. Nadie puede especificar quién lo recibió, pero, ante la duda... “habrá sido Duret”. Para colmo, su jefe Pedro Pablo Mansilla, que también está en la causa, ya declaró que ese mismo día, lo trasladaron a Tandil y que Duret no tuvo nada que ver. Luego, evidentemente, lo han llevado a La Plata, porque es allí de donde hay otro testimonio posterior.

1 comentario:

  1. Mi Coronel,Fuerza, usted es brillante, sigue educando, espero que la Jueces aprendan algo de usted, como lo hice yo, aca afuera no cambio nada, sigue todo como en el 76 o peor, nos mandan a estudiar las leyes y reglamentos y cuando las queremos cumplir nos tratan de inutiles. Un Fuerte Abrazo.Dios esta de su lado. Usted sabe muy bien quien soy y yo se muy bien quien es Usted, por eso lo sigo a MUERTE.

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