La audiencia del martes fue suspendida (el día lunes, pero nosotros lo supimos el mismo martes cuando el abogado fue a los tribunales preparado para su alegato). Habían dejado tres mensajes en un contestador el día anterior, mientras él estaba en la cárcel trabajando con su defendido, mi papá, sin celular. Todavía no sabemos cuál fue el motivo de la postergación de la audiencia, que se hace este jueves. Pensamos que puede deberse a que el presidente del tribunal estuviera engripado, ya que el día de los alegatos de querellas y fiscales tosía a menudo y usaba un pañuelo para taparse la boca.
Ese martes habían viajado a Mar del Plata seis personas especialmente para acompañarnos.
¡¡¡Gracias por el esfuerzo!!! Valoramos enormemente que hayan pedido el día en el trabajo, molestado a su gente para que los reemplace con sus hijos y quehaceres, gastado parte de sus ingresos por venir estos 400km de ida y 400km de vuelta y que siempre hayan mostrado una sonrisa a pesar del tiempo perdido.
Según el diario La Capital de Mar del Plata, este jueves serán los alegatos de las defensas, réplicas (si fiscales y querellantes quieren responder a los defensores) y dúplicas (si éstos últimos quisieran hablar después de las réplicas) y palabras finales (a cargo de los imputados –podrán imaginarse que papá las tiene);
el viernes, sería la sentencia (lo dijo la secretaria del juzgado y también el diario).
En cuanto a los alegatos que escuchamos hace una semana, donde el Dr. Sibo simplemente se dedicó a reinventar lo que todos escuchamos durante las declaraciones testimoniales -de los que dijeron que les dijeron.
Si miente así sobre lo que sí conocemos... ¡cuánto mentirá sobre lo que desconocemos! No hay que ser lúcido para darse cuenta de que es un chamuyo, pero lamentablemente, dejó traslucir una vez más que
no quieren justicia, sino venganza, y desde su celda, papá nos alcanzó el libro de
Ari Paluch El combustible espiritual, que en su página 164 explica:
¿qué queremos hacer con nuestro dolor, en qué lo queremos transformar, en más dolor (fantaseando con una venganza) o en una oportunidad de convertirlo en bendición, en el milagro de perdonar, perdonarse la idea de la revancha y liberarse del ciclo del dolor? Y hablo de ese dolor eterno que representa la venganza y que nos lleva a un laberinto maldito, en el que lejos de aliviarnos, no hacemos más que profundizar y reciclar el dolor, en lugar de desintoxicarnos a través del perdón.
Perdonar es decidir mucho más que no castigar y no castigarse, perdonar es decidir no vivir inmerso en el odio, por más justificado que este aparezca a los ojos de nuestro ego. Quien perdona, llamémoslo el perdonador, no solo está perdonando al perdonado, sino que está abriendo las puertas a que en el futuro pueda ser él mismo a quien perdonen.
Agradecemos a Dios que ya tenemos entrenamiento en el ejercicio de perdonar y somos plenamente concientes de la liberación que produce el perdón. Eso nos permite sonreir. Nosotros no sonreimos porque nos burlamos de la familia Labolita, como dice interpretar el Dr. Sibo. ¡Pobre hombre!
¿Podrán un día de estos darse un apretón de manos mi papá y el sr. Labolita mirándose a los ojos? Si ellos saben que mi viejo es inocente... ¿no preferirán aliviar su espíritu en lugar de profundizar su dolor?
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