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Después de un cuarto intermedio -o recreo- de hora y media, entró al ruedo el defensor de Duret. Éste dividió su exposición en el análisis de las pruebas y las irregularidades en que se promovió y procedió en este proceso.
Destacó que Duret, en un lapso de 25 años, dio la misma versión de sus conocimientos del caso bajo juramento como testigo, en el careo con la madre del desaparecido y en todas sus declaraciones indagatorias posteriores, obligado a no hacerlo bajo juramento.
Explicó meticulosamente cómo es que introducen el nombre de Duret en el afán de tener una persona a quien someter a castigo por la desaparición de Carlos y, porque no, por todas las veces que los hicieron ilusionar con que verían a Carlos -en diferentes lugares del país- y que al llegar, no estaba allí. CREO QUE UNO NO TIENE PORQUÉ PAGAR POR LAS BURRADAS QUE SE MANEJARON MAL EN AQUEL ENTONCES.
Atribuyó la invención del hecho de la madrugada del 1ro de mayo a la necesidad de agrandar la "pequeña" pena por detención legal o ilegal que le/s correspondería a quien/es realizaron la detención -concretamente fueron los policías de Las Flores, pero estos dicen haberlo entregado en el regimiento de Azul; a su vez, el fiscal Adler dijo el jueves pasado que éstos no estaban imputados en la causa porque habían tratado bien al detenido PERMÍTANME UN CUAK! Diciendo que lo vieron deteriorado a Carlos después de su traslado a la ciudad de Azul -también a cargo de la policía de Las Flores-, pueden atribuir una supuesta tortura. Luego, su no aparición, incorpora la figura delictiva de homicidio.
Así las cosas, explica Gerardo Ibañez, el defensor que piensa que: a) si existió el episodio, Duret no estaba: ¿para qué iría de civil para ocultar su identidad si ya lo conocían de antes con uniforme, nombre, grado y cara?; b) tiene serias dudas de que haya ocurrido c) si existió, no fue tal como lo narran. ME HUBIERA GUSTADO MUCHO VER LAS CARAS DE QUIENES DECLARARON AL RESPECTO MIENTRAS GERARDO DABA ESTA HIPOTESIS.
Contrastó acciones y reacciones de la familia en la búsqueda de Carlos.
Destacó lo artificial de ciertos planteos, como que la madre reconoce al hijo encapuchado por una cicatriz y no por su voz -cuando supuestamente le dice "me tienen en la parrilla".
Bochó interpretaciones forzadas sobre la personalidad de su defendido.
Criticó cada observación desvirtuada de querellantes y fiscalía.
Se vio obligado a repetir cerca de 45 minutos de testimonio de la testigo Ma. Inés, hermana de Carlos, ante la ausencia de esta redacción en el acta correspondiente. ESTO ES GRAVE: habla de que la secretaria del juzgado, Dra. Magdalena Funes, omitió imprimir parte importante de la declaración, con preguntas de todas las partes e incluso de un juez y habiendo el presidente corroborado que se encontraba todo en el acta -de la pantalla de la computadora- NO SÉ SI ES SANCIONABLE... pero sí es una falta de respeto y de ética profesional de parte de la secretaria.
Luego analizó uno a uno los testimonios para recordar a cada uno de los presentes que ninguno de ellos nombró directamente o reconoció a su defendido -a pesar de que Sibo en su alegato se dedicó a decir que todos lo habían nombrado y reconocido- mientras que la verdad es que todos atribuyeron saber el nombre de Duret porque se lo habían dicho. Parece que a los testigos se les dan los nombres que tienen que decir.
Se quejó de que el debate oral pierde su sentido cuando los declarantes recurren a "si lo firmé, debe haber sido así". Esto ocurrió en tres casos por lo menos. al verse obligados a sortear diferencias entre su declaración de aquí -que supone ser la que dice verdad- y la de otros momentos -según rezan las actas.
Razonó respecto de los dichos y variadas versiones a cargo de los policías y presos de la época y llegó a concluir que tal vez Carlos no fue llevado al regimiento, sino simplemente al penal de Azul, y que el invento de introducir a los militares es para deslindar responsabilidades y cargas las tintas en otros -como ser gente que no vivía en el mismo pueblo.
Hasta aquí llevábamos dos horas de entretenida escucha y reflexión. Se pidió un cuarto intermedio y, a la vuelta, continuó una hora y treinta más para replicar algunos puntos de las querellas y fiscalía. Criticó las exposiciones de los acusadores, por ejemplo al hablar de que la mayoría aceptó los tratados internacionales, cuando son en realidad el 14% del mundo, y al recordar que las organizaciones de DDHH a nivel mundial otorgan garantías a los imputados, lo que no se condice con pedir revocación de domiciliaria para un hombre de 77 años -que no es mi padre sino Mansilla.
Finalmente adentraró en temas netamente jurídicos respecto de fallos, jueces y precedentes. Analizó posturas, sentencias y leyes.
Insistió en que Duret no participó ni de la detención de CAL, ni de su recepción, ni de su posterior traslado a Tandil -según declaración del propio Mansilla- y concluyó que al no haber certeza apodíctica (es decir, que el hecho pudo haber ocurrido de más de una manera en virtud de las pruebas), pedía la absolución plena porque Duret había sido elegido para echarle las culpas.
Hubo silencio absoluto entre los asientos del público.
Se cerró la sesión explicando que "las palabras finales quedan para mañana". Hemos llegado al final. Este viernes 3 de julio frena la ruleta.

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